Sucedió en el Farmaciudad de Barrancas de Belgrano, y esta vez me tocó hacer de cliente.

La situación fue así: se trabó uno de los controladores fiscales al pasarle la tarjeta a una señora (algo que vivo a menudo en mi trabajo, porque estas maquinitas son prehistóricas y tienen mucho más kilometraje del que deberían tener, se ve que en todas las empresas son iguales de ratas), por lo que se armó cola ya que había un solo cajero.

Una cincuentona muy indignada porque la hacían esperar comenzó la “escena”:

-A ver, Juan, Pedro, Luis, el que sea, que vengan a cobrar que nos queremos ir.-Con ese tono de “afectación gangosa” de la gente de dinero, que habla como si tuviera una poronga en la boca, evidentemente tratando de compensar así una carencia.

Pasa un minuto, dos, la máquina seguía trabada y nadie venía a cobrar en las otras cajas.

-Pero qué pasa, Juan, Pedro, Luis, que alguien venga a cobrar, que son las 20:50.- Ya levantando más el tono y comenzando a taladrarme el cerebro.

Pasa otro minuto y nada.

-Pero cómo puede ser que nadie venga, yo soy Gerenta en una empresa y esto no pasa con mis empleados.

A esta altura la sangre de todo el cuerpo ya se me estaba acumulando en las venas de la cabeza.

Desde el fondo, uno de los empleados que estaba haciendo reposición de góndola, se vino hasta la caja y comenzó a cobrar en otra máquina.

Pero hete aquí, que la señora seguía disconforme:

-Pero qué barbaridad, la hora que es, queremos pagar e irnos, nos tienen acá como… como… como burros… (acá se ve que se estaba quedando sin letra y que no tenía la menor idea de lo que estaba diciendo).

La señora con cuya tarjeta de crédito se había trabado la máquina, solícita interviene y le dice:

-¿No se da cuenta que la máquina está trabada, que no puede hacer nada el chico?

Y el empleado que se había acercado a ayudar, hinchado las pelotas, y en un tono que la invitaba amablemente a que se dejara de joder, le dice:

-Señora, por eso vine yo a cobrar, para que puedan pagar e irse más rápido.

-Vos no estás ayudando nada, porque el otro sigue con la máquina trabada y sin cobrar-replica la conchuda.

Y sencillamente no pude más. 16 años de atención al público y de lidiar a diario con estas hijas de puta mal paridas me hicieron efecto de golpe:

-Señora, si está tan apurada, ¿por qué no deja las cosas y se va, que está haciendo tanto escándalo?

-¿Vos conocés tus derechos? Yo conozco mis derechos de consumidora y terminan donde empiezan los tuyos-Muy ofuscada, elevándome el tono.

-Justamente señora, Ud. nos tiene a toooodos nosotros acá escuchando sus pelotudeces. Los empleados tienen tareas operativas también ¿sabe? No están exclusivamente para cobrar.

Aquí la señora medio que colapsó, empezó a balbucear.

Ahh… Ehh… Em…

Para finalmente tirarme un:

-¡Hacete ver por un psicólogo!

-¡Y UD. HÁGASE COGER!-Le contesté a gritos, me di media vuelta y me fui sin dejarle derecho a réplica.

Por una vez se hizo justicia. Maravillosa y catártica justicia.

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