El viernes a la noche estuve paseando por uno de los Shoppings de los ricos y famosos de Buenos Aires.

El lugar estaba infestado de chicos de entre 10 y 13 años que se encontraban tanto dentro del Shopping como en la puerta, corriendo, gritando, metiéndose en todos lados, tocando todo. Los empleados de seguridad trataban de controlarlos, echándolos del interior de los negocios, tratando de impedirles que corran y pidiéndoles que se comportaran.

Me llamó la atención la forma en que estaban vestidas las nenas: maquilladas, con faldas cortas, botas, bijou. Parecían pequeñas prostitutas.

Curioso por la situación, le pregunté a uno de los guardias qué era este nuevo fenómeno del pendex-shopp.

Me explicó que sucede todos los fines de semana, que ves a los padres detenerse con los autos importados en la puerta del Shopping y dejar a los hijos, porque piensan que allí adentro estarán seguros. Que los chicos hacen lo que quieren, que no respetan ninguna autoridad, te contestan y se ríen de todo.

Yo pienso, ¿qué fue de la época en la que los ratos libres se compartían en familia, con salidas culturales, y en la que había que tener más edad para andar por la calle de noche?

Qué triste que en su tiempo de ocio estos chicos sean dejados solos en este tipo de lugares, donde sólo aprenden una conducta de consumo, que en nada amplia sus horizontes, y qué feo que sus padres se los quiten así de encima.

Además, no es nada seguro que anden solos, aunque estén dentro de un Shopping, más allá de las cámaras, la seguridad y todo lo que quieran, siempre van a ser vulnerables, porque son chicos y por más vivos e inteligentes que se crean, cualquiera los puede dar vuelta y hacerles daño.

Vivimos en una sociedad en donde todo se resuelve mediante una transacción económica, por lo que el dinero te facilita la vida. Y evidentemente es más fácil que tus hijos anden solos con plata en el bolsillo, que tenerte que hacer cargo vos de ellos.

Un asco.

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