Cuando trabajás en atención al público, estás obligado todo el tiempo a interactuar con gente insoportable, medicada, loca, ignorante, soberbia, senil, etc.,  y muy pocas veces uno tiene la suerte de atender a alguien normal. Ni hablar de la posibilidad de poder entablar un diálogo interesante.

Por eso, el mejor momento del día para mi es el cierre. Esto puede parecer una obviedad, claro pensarán, porque ya se va a la casa, qué tarado. Pero no es sólo por esto.

El cierre es el único momento del día en que uno puede mandar literalmente a cagar a la gente, decirle que no, ¡está cerrado! ¡váyase!

Por eso unos minutos antes del cierre nos apostamos en la puerta y solamente dejamos entrar a quienes saben puntualmente lo que van a comprar. Y una vez cumplido el horario, no dejamos entrar a nadie.

Mientras realizamos el cierre de cajas y de sistema, con la persiana baja, nunca falta un boludo que quiere entrar con cualquier excusa para comprar algo con lo cual llenar su vacío existencial.

Las excusas por lo general son las mismas: que tengo que hacer un regalo, que vengo desde la concha de la lora, que es para cambiar tal cosa, no para comprar (¡imbéciles, el cambio nos lleva más tiempo que la facturación!) y pavadas por el estilo.

Pero hay ocasiones excepcionales en que se aparecen con una nueva pelotudez como excusa para entrar, una pelotudez mayúscula excedida en caradurez (y miren que en todos los años que llevo trabajados en atención al público he escuchado pelotudeces).

Y ahí es cuando con un placer inmenso, les decimos, al mejor estilo empleada pública de Gasalla, ¡se van para atrás!

Hace poco viví una nueva pelotudez particularmente excepcional:

Boludo de última hora sin bastón blanco: ¿Está cerrado? (por el acento se notaba a la legua que era turista).

Mariano muy feliz: Sí señor, está cerrado (¿qué parte de la persiana baja no entendiste tarado?, pienso para mis adentros).

Boludo de última hora sin bastón blanco: ¡Pero es que vengo desde el extranjero!

Mariano muy feliz de dejar derramar el vaso: Ni aunque venga desde el cielo va a entrar, está cerrado.

Boludo de última hora sin bastón blanco: ¿Qué, si viniera desde el cielo tampoco podría entrar?

Mariano muy feliz de dejar derramar el vaso: No señor, no podría. Está cerrado, no hay sistema, no podemos facturarle nada, vuelva mañana.

Boludo de última hora sin bastón blanco: Se da media vuelta y se va.

Mariano muy feliz, muy feliz.


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