Introducción

Este viaje lo realizamos a través de la agencia Travelplus en febrero de 2007. El servicio consistía en pasaje ida y vuelta en bus semicama de la empresa Crucero del Norte, alojamiento por 5 noches en un Hotel de la calle Palacios (no recuerdo el nombre y cuando fuimos este año lo encontramos rediseñado y con otro nombre) con media pensión y dos excursiones, Circuito Chico con Punto Panorámico y Cerro Catedral.

Mi acompañante fue Emanuel, uno de mis mejores amigos, que posteriormente bauticé como “Rosario Catalina”.

Día 1-El viaje-Día 2-Bariloche

Salimos puntuales de Retiro. Durante el viaje Emanuel se quejó absolutamente de todo, nada le venía bien, razón por la cual le empecé a decir Catalina, porque estaba más hincha pelotas que una vieja senil. Obviamente esto tampoco le iba a venir bien:

-¿Catalina? ¡Qué nombre horrible! Hay muchos nombres de viejas: Rosario, Isabel, Regina, etc.

-OK, Rosario Catalina serás.

El viaje fue larguísimo, el micro parecía el camión del lechero, porque parábamos en todos los lugares en donde había luz, y donde no la había, parábamos y la encendíamos.

Tardamos 23 horas en llegar a Bariloche.

Para entretener a los pasajeros, se proyectaron un par de films “abreviados”, esto es, por los saltos del aparato de dvd, que se trababa cada dos por tres.

La verdad esto pasa siempre en cualquier viaje que hagas, que con los saltos del camino saltan los discos de las películas, te quedás con un montón de agujeros en la historia, sin entender un carajo.

Yo me pregunto, habiendo tanto pelotudo al pedo diseñando gadgets que no sirven absolutamente para nada, ¿nadie puede inventar un reproductor de dvd con antishock?

¿O no podría, alguna de estas empresas de transporte, que ganan fortunas, llevar las películas en una notebook, en formato archivo, sin soporte físico?

Una vez descendimos del micro, nos estaba esperando la gente de Turismo Receptivo “Vivir Turismo”, que serían los encargados de los transfers y de las excursiones incluidas.

Aquí nos demoramos, porque faltaba un chabón que se equivocó y se bajó en la parada anterior, Neuquén. Siempre hay un pelotudo.

Ya en el Hotel, Rosario comienza a quejarse hasta del más mínimo detalle: que esto no me gusta, que podría ser mejor, que hay olor a guiso.

Desempacamos, tomamos una ducha y salimos a recorrer la ciudad para averiguar y contratar excursiones. Hace frío y un viento de la concha de la lora.

Visitamos el Centro Cívico, oficinas de turismo y varias agencias.

Convenzo a Rosario de prestarle plata para poder hacer más excursiones. En definitiva, la idea es poder disfrutar y conocer lo máximo posible, no andar pijoteando $200.

Regresamos al Hotel y nos quedamos en la habitación hasta la cena. La misma consiste en entrada libre (vitel toné, lengua a la vinagreta, ensaladas, arroces, budín de zapallitos), plato principal (ravioles) y postre (flan, ensalada de frutas o helado).

Estamos cansados por el viaje y mañana madrugamos, por lo que luego de la cena nos vamos a dormir.

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