Día 4-Cerro Tronador

Nos levantamos 7 y media, nos duchamos y bajamos a desayunar. Nuevamente como como un cerdo. Más tarde me arrepentiré de esto cuando no me entre la ropa.

Nos pasan a buscar para realizar la excursión al Cerro Tronador.

El guía cuenta que Bariloche está a 750 metros sobre el nivel del mar y que El Bolsón está a 200. Esta diferencia hace que en El Bolsón haga más calor.

Entramos en el Parque Nacional, pagamos la entrada y Rosario se niega a mostrar el carnet de estudiante para obtener descuento, ¿pensará que pagando más el paisaje será más bonito?

Dentro del parque hay una cooperativa hidráulica, llamada Emilio Frey, que da energía a Bariloche.

El Parque rodea la montaña y los lagos Mascardi, Gutiérrez y Río Manso. Lo que da la variación de colores en el agua de los lagos es el grado de erosión que el hielo hizo a las rocas.

Nos comentan un poco sobre la vegetación, por ejemplo acerca de unas flores amarillas de las que los japoneses hicieron variedades en otros colores.

Por donde mires hay Rosa Mosqueta, con la cual se hace dulce con el fruto y pétalos, y cosméticos con el aceite de las semillas.

Mientras recorremos en la combi el Parque, vemos diferentes campings, hoteles, paradores, campo de golf.

El primer Hotel fue el Tronador, cuyo origen fue la casa de un médico belga que se vino en la década del 20 a trabajar a Argentina. Al año trajo a la familia y se fue corriendo la bola, y la cuestión es que cada dos por tres tenía invitados y fue agrandando la casa, que terminó convirtiéndose en un hotel. Abre de Noviembre a Abril.

El guía dice que hay superpoblación de jabalíes, sin embargo, no vemos ninguno. Afirma además que habría que permitir la caza para bajar la cantidad, porque cuando el jabalí se pone nervioso ataca.

Nicolás Mascardi y Juan José Guillelmo fueron los fundadores de la primera misión evangelizadora en la región. En honor a ellos, los lagos llevan sus nombres (los bautizó Francisco Moreno).

Los caminos del Parque son angostos, en subida y bajada, rodeados de bosque y cada tanto hay miradores. Tiene caminos especiales para hacer caminatas y por todos lados hay carteles llamando al cuidado de la naturaleza y de señalización.

Hacemos una primera parada en una especie de playa que sale al camino. Seguimos luego hasta Los Rápidos, un parador con confitería, baños, camping, que se encuentra alrededor del Río Manso (que tiene rápidos).

Nos quedamos un rato y posteriormente llegamos al mirador del Lago Mascardi. Más fotos iguales jeje.

Luego paramos en Pampa Linda, un parador donde hay un restaurant muy fashion (pero con una carta de lo más común), y una cabaña devenida en puesto de panchos.

Nos quedamos una hora, comemos y caminamos un poco por uno de los caminos de trekking, que tiene 18 kilómetros pero sólo hacemos 300 metros para que no nos deje la combi jaja.

Llegamos al Ventisquero Negro, zona de glaciares negros, llamados así porque es hielo sucio, mezclado con tierra. La zona es enorme, de rocas chicas, sin vegetación. Los pedazos de hielo oscuro flotan sobre el agua. La cima de la montaña está nevada. Tenemos suerte y vemos una avalancha.

Nos cuenta el guía que en una época había mucha piedra pómez pero se la llevaron los turistas. La misma se formaba con vapor y arenisca.

Más tarde vamos a Garganta del Diablo, en donde hay una confitería muy cara y el café es un asco, re aguado.

De aquí parte hacia arriba un camino construido en la roca, bastante irregular y resbaladizo, que lleva a la cascada.

Obviamente Rosario Catalina se quejó durante todo el día de todo. Una de sus quejas era de que a él le gustaba más la aventura. Sin embargo, cuando llega el momento de hacer el trekking para ir a la cascada, me sale con que se cansó de ver paisaje, y se queda en la confitería escuchando música. Digan que es mi amigo y lo quiero, que si no, la patada en el orto que le doy. En fin.

La caminata está buenísima, bastante cansadora sí, pero muy linda. Hay dos paradores para ver la cascada. El agua está helada, y es muy pura.

No tuve señal durante todo el día y medio que ya estoy hiperventilando, por más que esté de vacaciones me es imposible desconectarme, soy un tecnoadicto.

De regreso en Bariloche, salgo solo a pasear, necesito desenchufarme un poco de Rosario. Miro vidrieras por el centro, voy a checar los mails, la llamo a mi amiga La Cachivache para hacer un poco de catarsis (próximamente las crónicas de mi viaje a Mendoza con ella).

Bajo a ver a Nahuel mientras atardece, y paso después por el Hotel Patagonia (donde estuve en mi viaje de egresados) y Del Lago Ski (cuyo dueño es un tío lejano de mi vieja).
Vuelvo, cenamos la entrada libre que ya cansa, y arroz con pollo.

Olvidé ponerme gorro y todo el mundo ve el nido de caranchos que es mi cabeza. Por suerte no había ningún medio jajaja.

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