Día 6-El Bolsón

Nos levantamos más temprano que nunca, nos duchamos, desayunamos y partimos rumbo a El Bolsón.

Primero paramos en Tacuifí, en un bar en el medio de la ruta, para tomar un cafecito y despertarnos.

Al momento de continuar el viaje, Rosario se pelea con una vieja por el lugar en el micro.

Dos chiquilinas.

Enojada, Rosario se sienta aparte y se pone a escuchar música mientras el guía explica.

Maleducada insociable.

En Cañada de Mosca pinchamos no una, sino dos gomas, a pesar que las cubiertas eran nuevas y las habían cambiado el día anterior. Por lo que nos quedamos media hora, varados en la ruta, en el medio de la nada, y sin señal en el teléfono, no hago más que hiperventilar.

Bajo a estirar las piernas, recorrer un poco, Rosa Mosqueta por todos lados.

Resuelto lo de las ruedas, nos dirigimos a “Granja Lárix”, un criadero de truchas, en donde nos explican todo el proceso de la cría, nos dan a probar una criollita con medio gramo de trucha, y nos muestran todos los productos que nos quieren vender y que obviamente no les voy a comprar.

Posteriormente vamos a “Cabaña Micó”, una fábrica de dulces. Aquí nos enseñan todas las plantas con las que realizan dulces, nos cuentan cómo es la elaboración y nos dan a probar absolutamente todas las variedades de dulces que hacen. La verdad muy buena onda la gente y muy interesante la charla sobre plantas y fabricación.

Lo dulce me puede así que me compro uno de guinda, ¡exquisito!

Pegado a Cabaña Micó hay una fábrica de cerveza a la que también nos llevan.

La verdad que esta excursión de mierda es más un tour de compras para que el guía gane con las comisiones que un paseo para conocer la ciudad de El Bolsón.

El lugar es muy chiquito, la elaboración es súper artesanal, nuevamente tenemos que oír una clase sobre cómo se fabrica algo que más tarde nos querrán vender.

El Bolsón me decepciona bastante, tal vez sea que me lo imaginaba distinto, o que tanto tour de compras me puso de mal humor.

Nos dan tiempo libre para comer y recorrer la feria, que no es nada del otro mundo. Hay cosas lindas y originales, pero nada que envidiarle a Plaza Francia. Los artesanos son casi todos porteños.

Compro pelotudeces para regalar y una camisola con diseño étnico para mí.

Para comer me pido un licuado de frambuesa que me había recomendado una amiga, pero la verdad es horrible, muy ácido. Sí me encantan unos wafles: de jamón y queso uno, y de fruta, crema y dulce de leche el otro.

Entre las artesanías me llama la atención una mesa ratona que tiene grabado el planisferio como el del juego T. E. G. , intento sacarle una foto y el chabón se re calienta y me hace un escándalo. ¡Bobo, a cualquiera que te la quiera copiar le alcanza con calcar dicho mapa en una tabla!

Luego de El Bolsón partimos hacia Lago Puelo en Chubut, precisamente en el paralelo n° 40.

No se puede creer la belleza del lugar, parecido a Villa La Angostura pero mucho menos desarrollado.

Me meto en el agua hasta las rodillas para refrescarme un poco.

Rosario re antisocial, apartada de todo, no habla con nadie.

De regreso en Bariloche me voy al centro a comprar los últimos recuerdos y regalos para mis amigos.

Más tarde cenamos goulash y salimos a caminar, pasamos por el Shopping (una cagada) y por el casino, en donde pierdo $10.

Después vuelvo al centro, bajo a despedirme de Nahuel.

El viaje de regreso a Buenos Aires muy lindo, nos tocan los asientos arriba adelante de todo, la mejor ubicación.

Rosario casi no habla.

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