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Esta novela es una de esas joyitas que toda biblioteca que se preste de buena debe tener.

Y no porque se trate de una maravilla literaria, en ese sentido no es nada del otro mundo, sino por lo raro que es: está narrado en primera persona por un adolescente que padece el Síndrome de Asperger (algo así como un autismo leve).

Tenemos entonces una ventana abierta para ver cómo es la captación y forma de vida de una persona de estas características.

Christopher tiene 15 años, es un genio de las matemáticas, posee una increíble memoria fotográfica, tiene problemas para comprender el comportamiento humano, para relacionarse, y es muy sensible a todos los estímulos, por lo que puede reaccionar mal y ponerse a gritar. Su vida está llena de rituales y rutinas.

La historia es así: muere asesinado un perro en el vecindario y él decide iniciar por su cuenta una investigación y, como resultado de la misma, descubre que en realidad su madre no ha muerto. Empieza entonces su aventura para poder llegar a ella, con todos los obstáculos que esto representa para una persona como él (tener que viajar solo, relacionarse con otras personas, etc.).

Es uno de esos libros que lees de un tirón y no querés que terminen (me lo devoré en tres horas). Y si bien tiene el formato de un thriller, lo más interesante es la forma en que está narrado.

Tiene un alto grado de ternura y en ningún momento uno deja de asombrarse o de aprender al ver el mundo a través de los ojos de Christopher.

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