Introducción

Este viaje lo realicé en Febrero 2008 con mi amiga La Cachivache, contratando los pésimos servicios de la Agencia Noche y Día Turismo.

Los mismos consistían en pasaje ida y vuelta a Mendoza Capital, hospedaje en el Hotel Marconi con régimen de media pensión y excursiones de City Tour y Bodegas.

Día 1-El viaje Día 2-City Tour

Estaba viendo una película muy plácidamente cuando La Cachivache me manda un mensaje diciendo que ya había llegado a la terminal… una hora antes.

Para que no me rompa las pelotas dejo todo y salgo hacia allí y cuando llego resulta que ya estaban todos arriba y esperándome.

¿Acaso no se salía a las 20? ¿Cuál es el apuro?

Tomo consciencia que se trata de un grupo de gente que viajamos todos juntos y la verdad no me gusta mucho la idea.

Tampoco me cae bien el guía. Puede ser una apreciación muy mía, pero no me parece que un pendejo pedante deba estar a cargo de un contingente de turistas. Será que cuando empiezo a escuchar las primeras pavadas y canchereadas que dice ya me cae mal, o que soy un rompe bolas. Me doy el beneficio de la duda.

El micro es de la empresa ABDO S. R. L. ¿vos la conocés? Yo tampoco.

El estado del mismo deja mucho que desear, sobre todo la higiene.

La cena es una cargada en comparación a la que dan otras empresas de transporte. Consiste en dos sandwiches de miga, dos pedacitos de torta y dos caramelos, junto a un café.

A las 00:30 realizamos una parada ¡de 40 minutos! en Junín, para que los que quieran cenar de verdad, se compren algo y coman.

Nosotros comemos las empanadas que preparó la madre de La Cachivache y nos embolamos hasta que es la hora de partir nuevamente.

El momento álgido de la noche es a las 3:50 de la madrugada cuando, en el medio de la nada, en la quietud y silencio nocturno, La Cachivache comienza a cepillarse frenéticamente el pelo.

Me empiezo a cagar de la risa y ambos nos tentamos, tratando de no hacer mucho ruido porque todo el mundo duerme.

A las 7:30 llegamos a Junín Mendoza y paramos a desayunar en la Hostería Del Arco, para lo cual hay que “sacar ticket” ¿qué ticket? ¡es un papel de milanesa escrito a mano!

El lugar es un asco, tarda un montón en atendernos un señor que por la cara está pidiendo a gritos que lo jubilen. Nos dan un café con dos mediaslunas que parecen de plástico por lo duras. Repugnante.

De vuelta en el micro el guía nos habla de las excursiones, que tenemos incluidas un City Tour y visita a Bodegas, y que el resto nos las ofrece a un valor inferior al de las agencias de turismo de Mendoza (ya lo había investigado todo antes de partir). Cometemos el groso error de contratar las excursiones al guía.

Llegamos al Hotel Marconi y “reparten” las habitaciones. Parece una eterna lotería, la espera en la recepción mientras el taradito decide cuál le toca a quién.

De más está decir que es HORRIBLE la habitación, que los muebles están rotos, que si te sentás en el borde de la cama te caés a la mierda porque el sommier está vencido, que el baño tiene agujeros decorativos, y que el agua no tiene presión constante, por lo que a ratos se corta o sale marrón.

Salimos a recorrer la ciudad; vamos a la Plaza Independencia y a la Peatonal Sarmiento.

Todo muy lindo pero lo único abierto son los lugares para comer y de artesanías.

Después nos enteramos que acá todo el mundo duerme siesta, por tanto los negocios cierran.

Por todos lados lados están liquidando y relojeamos un par de cosas para pasar a comprar más tarde cuando esté abierto.

Pasamos por la oficina de Turismo para informarnos mejor sobre todas las actividades posibles.

Volvemos al hotel y partimos con el micro para hacer el City Tour.

Recorremos el Parque San Martín pero como me quedé dormido no me entero de nada.

Más tarde vamos al Cerro de la Gloria, una montañita en cuya cima está el monumento a los soldados de San Martín hecho en 1914 por Juan Manuel Ferrari.

Para subir hay unas combis que te cobran $7, un afano considerando que en 10 minutos lo hacés a pie, pero como no llevé calzado adecuado y La Cachivache no quiere caminar, no me queda más remedio que subirme a la combi.

La vista desde el Cerro es linda y el monumento está bueno.

Al regreso salimos nuevamente a recorrer el centro y comprar pelotudeces.

Más tarde vamos a cenar y, para mi desagradable sorpresa, uno está obligado a sentarse en una mesa laaarga e intimar con todo el contingente (y atención, el lugar que uno elige la primera vez es el que tiene que ocupar todas las noches).

Hago una salvedad para no quedar como un hincha pelotas insufrible (que lo soy pero este no es el caso ja). Hace 17 años que trabajo en atención al público. En mi tiempo libre lo único que pretendo es estar relajado ALONE o con quien yo quiera, para no tener que escuchar pelotudeces, que para eso tengo mi trabajo; y si estoy de vacaciones, obvio que quiero sentarme en una mesa con mi acompañante y estar tranqui, no teniendo que escuchar anécdotas o pavadas de gente que no me interesa en lo más mínimo y que ya he empezado a detestar.

La comida mmm… cómo definirla… creo que pocas veces la palabra mierda estaría mejor usada.

Todo lo sirven en platos de postre. La entrada consiste en una feta de salame, una feta de salchichón primavera, medio tomate perita (sí, medio) y un mendrugo de pan. El plato principal es arroz con pollo y el postre nada más ni nada menos que… ¡una rodaja de melón!

Una tomada de pelo. Comemos y nos vamos a dormir.

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