Día 4-Recorriendo la ciudad

Nos levantamos 9 y 15 ya que hoy no tenemos excursión sino que saldremos a recorrer por nuestra cuenta.

Bajamos a desayunar y por suerte zafamos de ver a todo el mundo, salvo a los platenses.

De más está decir que como como un cerdo.

Me baño y nos tomamos un taxi al zoológico.

El lugar es muy lindo, todo en desnivel, como si fuera una montaña con subidas y bajadas, y el camino los circunda.

Es lamentable el estado en el que viven los animales, totalmente hacinados, sin verde, rodeados de ramas secas.

En una jaula de aproximadamente 30 metros cuadrados conviven 7 leones.

Una llama o vicuña o bicho por el estilo, tiene dos de sus patas dentro de la piletita que hay para tomar agua. Es muy triste.

Mientras recorremos el lugar, con La Cachivache comenzamos a realizar nuestra actuación.

Les explico: como nos cagamos en todos los estereotipos, reglas sociales y nos encanta jugar con las cabecitas de los demás, cada tanto con La Cachivache fingimos discusiones en público, a los gritos, las cuales las llevamos a cabo durante varios minutos, y son dignas de merecer un Oscar.

Internamente nos cagamos de la risa de las reacciones de la gente que no paran de vernos y cuchichear acerca de nosotros.

Por lo general la pelea es acerca de que La Cachivache sólo me quiere para quedar embarazada y según la ocasión lo vamos aderezando con otros temas.

En este caso, La Cachivache representa a una paciente psiquiátrica, que se niega a tomar la medicación, y yo a su acompañante terapéutico, muy enojado porque no me hace caso.

Una vez terminado nuestro acto y la recorrida por el zoo, nos vamos totalmente indignados por el estado en que tienen a los animales.

Nos tomamos un colectivo y descendemos en la Plaza Independencia, en donde me compro un cuadro con diseño étnico que había relojeado anteriormente.

Queremos ir al museo pero está cerrado.

Todo el viaje La Cachivache me rompió las pelotas con las iglesias y basílicas.

La cuestión es que caminamos cientos (sí, cientos) de cuadras para llegar a la Catedral y a la Basílica y ambas están cerradas. Puta que te parió Cachivache.

Caminamos de regreso al centro y nos quedamos un rato en Havana para tomar unos frappés y descansar un poco.

Más tarde entramos en Balbi (algo así como la contra de C&A). Si hay algo que me puede es la ropa, más si está en liquidación. Colapso. No sé por dónde empezar. Cientos de prendas re baratas.

Me meto en todas las góndolas, revuelvo, agarro dos millones de cosas y me voy probando.

La Cachivache que ya conoce estos arranques míos, me organiza un poco y me prohíbe comprarme lo que no voy a usar después o me queda mal o tengo dos millones iguales. Una santa. Además se caga de la risa conmigo.

Nos pasamos unas cuantas horas en la tienda, yo en el probador de ropa y La Cachivache yéndome a buscar tal o cual en otro talle o color jaja.

Cuando estamos listos para irnos, nos demoramos media hora en la caja, porque la cajera no sabe usar el posnet, y poco falta para que nos metamos nosotros a hacernos la factura.

Una vez afuera, nuevamente vamos a ver pelotudeces regionales y aquí colapsa La Cachivache, que se compra cuanta pavada ve.

Descubro su fase alcohólica, se compra licores de todos los sabores que encuentra. En fin, dicen que uno nunca termina de conocer a la gente.

Volvemos a cenar. De más está decir que no nos hace ninguna gracia sentarnos otra vez con la misma gente.

Jugamos a adivinar la comida en función de las ofertas de la verdulería de enfrente del hotel.

¡Adivinamos!

Entrada medio tomate perita ($1.50 el kilo), con lechuga ($1 el kilo), papas ($2 los tres kilos), perejil y una feta de jamón.

El plato principal consiste en fideos partidos aguados con la carne estofada que sobró del día anterior. Un horror.

En el medio de la cena aparece un humorista cantante insoportable, que cuenta chistes malísimos y no se le entiende un carajo de tan rápido que habla. Además canta folclore. De terror.

El momento álgido de la cena es cuando traen el postre: ¡un racimo de uvas con hormigas! Poco falta para que me de un ataque.

Huimos despavoridos hacia el casino, único lugar en donde nos atienden como corresponde.

En un momento La Cachivache saca una guinda en las maquinitas ($0.20) y se pone a festejar como loca.

La pasamos genial, nos quedamos hasta las dos de la mañana.

De regreso en el hotel, me empiezo a sentir mal. Tengo fiebre, el estómago revuelto y descompostura. Me agarra un terrible ataque, exploto de toda la bronca que tengo acumulada por los malos servicios de la agencia y el hotel.

-¡Hace la valija Cachivache! Nos vamos de este hotel de mierda. Vamos al Hyatt, yo soy pudiente y pago!-Despotrico a los gritos.

La Cachivache logra tranquilizarme y nos vamos a dormir, yo refunfuñando.

mendo14

Click para agrandar

mendo15

Click para agrandar

mendo16

Click para agrandar

mendo17

Click para agrandar

mendo18

Click para agrandar

¿Te gustó? ¡Compartilo!