Día 5-Cañón de Atuel

Nos despertamos 6 y media y por suerte me siento un poco mejor.

Desayuno liviano y partimos de excursión hacia el Cañón de Atuel.

Gracias a Dios es en otro micro y con otro guía. ¡Y sin los platenses!

Demasiado bueno para parecer real.

La guía cuenta que la principal actividad económica de Mendoza es la extracción de petróleo (cuarto productor nacional) y luego los vinos.

En Mendoza se produce el %80 del vino del país, el resto en San Juan, Río Negro, La Rioja, Salta y Tucumán.

Nos explica las diferentes formas de atar las plantas y del mallado especial (3 mil dólares la hectárea) que se usa para que el granizo no destruya la plantación.

También cuenta que hay dos aviones que tiran no se qué en las nubes para romper el hielo y que el granizo sea chiquito y no rompa las plantas.

Hacemos una parada en el medio de la nada para mear y luego pasamos por San Rafael (yo duermo, abro un ojo, lo que veo no me gusta y sigo durmiendo) y luego seguimos hacia Villa Grande, que es donde está el Cañón.

De repente mi dormitación es interrumpida por el grito excitado de La Cachivache: ¡Manzanas, arboles con manzanas!

Claro Cachivache, las manzanas provienen de los árboles, no de las manos de Jesús que las multiplica como a los panes.

Dios, ¡es tan ingenua!

Llegamos a Villa Grande, que es hermosa y para mi el primer paisaje que vale la pena.

Es un camino angosto, serpenteado por el río Atuel y el Cañón. Hay campings y cabañas por todos lados.

Hacemos un alto para comer. Me dirijo a un kiosco a comprar unos sandwiches y otras boludeces y la empleada pretende cobrarme más, por lo que tengo que enseñarle cómo se suma para obtener el resultado correcto a cobrar. No conforme, su compañera la asiste y usa la calculadora para hacer 7+5.

Puta madre, encima que en casi todos lados te atienden a desgano, que se nota que les importa un carajo su trabajo y el que les está comprando, ¿encima hay que soportar que te quieran cobrar más? ¿o es que no hay escuelas primarias en Mendoza y no saben sumar y restar cifras simples? Y esto no lo digo peyorativamente, pero es la sensación que me queda de casi todas las veces que entré a un negocio y te atienden con mala cara.

Bajamos al río a comer. Nos quedamos un rato chapoteando en el agua y disfrutando del paisaje.

Aprovecho que sale un gomón de rafting para escuchar la explicación del guía y aprender un poco.

Luego de comer partimos hacia el Cañón propiamente dicho. El paisaje es increíble.

Hacemos varias paradas para tomar fotos, pasamos por las cuatro centrales de la represa.

Emprendemos el regreso.

Al final decidimos cenar en el hotel y tenemos suerte porque de entrada nos dan no una sino ¡dos! porciones de pizza y además ¡está rica!

De plato principal nos dan una milanesa normal (es decir, no tamaño restaurante), con no una sino ¡dos! papas al horno y… ¡te dejan repetir!

Parece que el mundo se fuera a acabar.

De postre ensalada de frutas (una miseria).

Más tarde vamos al casino y nos divertimos un rato.

Después iniciamos nuestra odisea para conseguir una heladería decente abierta, y como no la encontramos vamos a una que es un asco y se niegan a atendernos. Quiero decir, si ya cerraron, ¿para qué tienen todo abierto y encendido? ¿Nadie les enseñó a bajar las luces y la cortina?

Puta madre mendocinos, si no laburan y hacen siesta ¿qué más quieren? En Buenos Aires no aguantarían ni dos días nuestro tren de vida. Y esto sí lo digo peyorativamente.

De regreso en el hotel, a las dos de la mañana, la loca se pone a ordenar compulsivamente lo inordenable (su vida). No me deja dormir. Promete no poner el despertador antes que yo.

mendo19

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