Introducción

Este viaje lo realicé en Febrero de 2009 con mi amigo Emanuel (también conocido como Rosario). Lo hicimos a través de la empresa Subaltur, cuyos servicios consistían en pasaje ida y vuelta en coche cama  a través de Vía Bariloche, tres noches de alojamiento con media pensión en Bariloche (Hotel Colonial), dos noches con desayuno en Villa La Angostura (Hostería Traunco) y dos noches con desayuno en San Martín de Los Andes (Hotel Turismo). Creo de todas las crónicas que escribí es la más divertida, tal vez porque está escrita medio en broma, tal vez porque mi amigo no se cansa de darme material.

Día 1-2. El viaje. Primer día en Bariloche

Previo a salir de casa Inesita (léase mi santa madre) protesta porque no quiero tomar un remís a retiro y planeo caminar con los bolsos las 10 cuadras hasta el subte. Si hacés esos esfuerzos no vas a llegar a mi edad me dice.

Querida, replico, cuando llegue a tu edad, voy a parecer de mi edad, porque voy a estar regio, divino, todo operado.

Salimos puntuales de retiro previo empaparnos por la lluvia. Emanuel promete no quejarse de nada en todo el viaje, ¿lo logrará?

Antes de subir al micro compro un agua mineral. ¡Ladrones! ¡$6 por un agua de medio litro de mierda!. En fin, Gestión K.

La atención a bordo es buena, mucho espacio, hasta manta y almohada hay, tenemos asientos adelante de todo con vista privilegiada salvo que no hay nada para ver jaja, re aburrido el paisaje, casi tanto como escuchar a la Cachivache. Nos dan merienda, cena, café, copa de champagne y desayuno.

Llegamos con 15 minutos de demora pero por lo menos no con las dos horas de atraso con la que llegamos hace dos años. Enseguida nos recibe la de turismo receptivo Rayantu y nos informa de los horarios de las excursiones incluidas (que no vamos a hacer porque ya las hicimos hace dos años). Consultamos posibilidad de cambiarlas por otras y nos dicen que no. ¡Conchudos, nosotros pagamos! ¡minga vamos a contratarlos para las otras excursiones!

Hace un frío bárbaro y un viento que literalmente te hace volar, ¡juas! Creo que nos vamos a cagar de frío y no me traje casi nada de abrigo.

Llegamos al hotel, parece que zafa, vamos a la habitación y nos ha tocado cama matrimonial por lo que Emanuel se queja y nos cambian. Ambas habitaciones bastante truchas, salvo que esta no tiene vista jajaja, pero el baño está mejor que otros que me han tocado.

Mientras Emanuel se baña, agarro totalmente desesperado la notebook y me voy al lobbie en donde hay wifi. ¡Bueno che, hace como 24 horas que no me conecto! Ok, está bien, tengo problemitas.

Chequeo mails, chateo un rato y me abstraigo totalmente como me sucede cada vez que agarro una compu, así que en cuento tomo conciencia de mi cuelgue dejo la compu y vuelvo a la habitación. Ema se va de paseo mientras yo me ducho.

Salimos a recorrer el centro en busca de empresas de excursiones, visitamos unas cuantas y vemos las que nos convienen en función de los días que nos quedamos y de los itinerarios de las empresas.

Decidimos hacer 4: teleférico a Cerro Otto con su confitería giratoria, más tarde una nocturna en 4×4 al Cerro López, Traful por la tarde del miércoles, dejando la mañana libre para hacer Shopping (sí, ya reconocí que tengo problemitas), y la excursión lacustre Puerto Blest y Cascada de los Cántaros, que es de día entero, el jueves.

Para todo esto ya dimos dos millones de vueltas por todo el centro. Tenemos ganas de comer asado y vamos a una parrilla que nos recomendó una de las viejas que nos atendieron en las empresas de excursiones. Damos mil vueltas, no la encontramos y cuando la encontramos está cerrada. ¡Vieja de mierda!.

En fin, vamos a un restaurant italiano del centro. Adentro no había lugar, nos vamos afuera. El único mozo que hay para atender tarda una eternidad en venir. Más tarde vuelve diciendo que hay mesa adentro y que vamos a estar más cómodos y bla bla. O sea, no tiene ganas de caminar 10 metros más para atendernos, de cuarta. Pido ravioles con salsa blanca, porque una salsa parisiene, que es una blanca con un hongo del orto, sale $17 ¡chorros!. Por más que le pongo onda con el queso y la sal, siguen sin tener mucho gusto. En estos momentos extraño las pastas de La Madelein y a Mayra, Nidia, Valeria y Rosana que tan bien nos atienden. A la hora de pagar los retardados nos cobran al revés con las tarjetas. ¿No hay peinadora? ¡Hay qué lucha! ¡Esa técnica de mierda que nunca apretaba el botón que tenía que apretar! ¡Hay esta Mirtha que se me incorpora jaja!

Obviamente no dejamos casi nada de propina jaja.

Nos vamos a sacar el boleto para el Teleférico al Cerro Otto que por suerte nos confirman que se hace dado que las condiciones climáticas eran dudosas (mucho viento).

Vamos en el transfer hasta el cerro y ascendemos. Es igual al del Cerro Catedral nada más que el camino es un poco más largo. El viento aúlla fuerte y el teleférico se mueve bastante.

Una vez arriba recorremos las instalaciones, hay una especie de galería de arte con reproducciones de esculturas y cuadros de Miguel Ángel.

Luego vamos a la confitería giratoria. Es una confitería circular cuya parte central gira sobre su eje, dando un efecto muy original a la visita. Emanuel se marea ¡juas! Nos sentamos y nos damos cuenta que los ventanales son fijos y que la gente deja mensajitos escritos en servilletas de papel en ellos, por lo que mientras dura tu estadía y la confitería va girando, vas leyendo los cartelitos que dejó todo el mundo, lo que resulta muy cómico.

La carta deja mucho que desear, y no es por ser quejoso, pero un lugar tan lindo y original debería tener una carta acorde, no los menúes de bar de estación de tren que tiene.

Me pido un strudel de manzana (¿no tendría que ser de masa hojaldrada?) y un café, Ema una copa helada, que aparentemente tuvieron que ir a ordeñar a la vaca para hacer el helado porque tardan mucho en traerlo (y eso que eran dos bochas de helado del orto sobre ensalada de frutas de lata).

Más tarde bajamos al mirador de la base de la confitería, el viento es tan fuerte que es difícil mantenerse en pie. Hay unas esculturas talladas en madera realmente muy buenas. La vista es linda, pero no tiene ni el más remoto punto de comparación con la vista del Cerro Campanario.

No teniendo nada más para ver decidimos hacer el descenso. El viento está más fuerte todavía y se oyen unos extraños sonidos como de quena, muy raro, ¿se tratará de una maldición mapuche? Estamos en el medio de la nada, ¿de dónde carajo viene esa música?

Cuando llegamos a la base nos enteramos que están suspendidos los ascensos por el clima. Tuvimos suerte.

Volvemos al hotel, me acuesto a escribir un rato y volvemos a partir rumbo a Cerro López.

Nos viene a buscar Ramón que será nuestro conductor en la 4×4. Nos cuenta que el turismo este año bajó bastante con respecto al año pasado y que los precios se mantienen hace dos años a pesar que los costos subieron.

El Cerro López está a 1600 metros sobre el nivel del mar (Bariloche está a 700). Hay dos formas de llegar, a través de la Colonia Suiza o entrando por Circuito Chico. Como no conocemos Colonia Suiza entramos por allí. La verdad es muy linda, un pueblito muy campestre en el medio de la montaña por camino de ripio, me hace acordar a La Cumbrecita en Córdoba.

Llegamos a la mitad del cerro y sube Leila que será nuestra guía. Recorremos un tramo más y luego descendemos para hacer una caminata de unos 200 metros en subida espiral. Vemos distintas vistas del Lago Moreno y del Nahuel Huapi, flora típica de la zona y nos cuenta cómo se originó la bahía por el choque de placas. En el medio de la montaña Inesita me caga la tarde avisándome que Facebook a partir de ahora será dueño de todos los contenidos que se suban, por más que los hayas borrado. Minga, no subo más mis notas o veré de subirlas a otro lado.

Sí, ya sé que tengo problemitas y necesito ayuda, pero es más fuerte que yo. ¡Juas!

Finalizada la caminata arribamos al Refugio Extremo Encantado. Es un refugio nuevo, recién estrenado, orientado a este tipo de excursiones, es decir a no de turismo aventura, para los aventureros hay otros de difícil acceso y que están mucho más lejos.

El lugar es muy lindo, todo en madera, con un inmenso hogar. Nos recibe Claudia, la mujer de Ramón, quien nos ha preparado una picada de snacks, unas pizzas y la tarta de frambuesa más exquisita que comí en mi vida (al final afloja y a medias me da la receta).

Nos cuenta que somos el tercer grupo que arman, que están empezando, que les demos ideas y críticas para mejorar, y que con suerte para el invierno o el año que viene tendrán habilitadas las instalaciones para quedarse a dormir. La pasamos realmente muy bien, gente sumamente agradable, la comida excelente y la vista nocturna desde el Refugio es espectacular, todas las lucecitas, el reflejo en el agua, las estrellas.

La verdad que esta excursión por ser de noche fue rara, amén que es algo nuevo que recién están armando y no es de las tradicionales. Alrededor de las 23 partimos de regreso. No veo la hora de llegar y agarrar la notebook jajaja.

Bueno, la verdad que el día fue larguísimo, ¡hicimos de todo!

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