Día 4. Puerto Blest y Cascada de los Cántaros.

Nos levantamos a las 7, yo totalmente destruido, ¡juegan con la salud de uno! Bueno, el chiste ya cansa.

Desayunamos, me afano el individual con mapa. Vamos a la recepción a esperar que nos vengan a buscar para la excursión.

En teoría tenían que pasar a buscarnos a las 9. Cuando son y veinticinco, ya medio exasperados, llamamos a la agencia donde nos dicen que ellos avisaron por teléfono que habían cambiado el horario a las 9 y media. Hotel del orto, nunca nos avisó nada. Igual son unos hijos de puta, porque pasan a las 9 y 55, por lo que podría haber dormido casi una hora más. ¡Que ya no tengo 20 años, carajo mierda! ¡Basta Mirtha!.

La guía una conchuda, re mala onda y explica todo desganada.

Una vez que recogemos más pasajeros, partimos hacia Puerto Pañuelo ubicado a 20 Km. del centro.

Los barrios por los que pasamos son hermosos y la arquitectura de las casas no se puede creer. No soy un entendido pero son como cabañas futuristas, todo en madera con formas geométricas raras y muchos ventanales. Lamentablemente no puedo sacar fotos, vamos rápido.

Llegamos al puerto en donde primero debemos retirar los pasajes, luego pagar la entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi y finalmente ponernos a hacer la cola en el muelle mientras esperamos que llegue el barco que nos llevará a Puerto Blest. Hace frío y está nublado. Desde el muelle podemos observar el Hotel Llao Llao (más de una luca verde la noche) y detrás de éste el Cerro López, donde estuvimos el martes a la noche. También podemos ver a la distancia la Capilla San Eduardo, lugar que visitamos hace dos años (pueden leer el diario anterior aquí).

Hago una pequeña aclaración/explicación para los que no conocen. El Lago Nahuel Huapi tiene 7 brazos, cada uno con su respectivo nombre. Uno de los brazos es justamente el Brazo Blest, que se navega desde el Puerto Pañuelo hasta el Puerto Blest. La profundidad promedio del lago es de 250 metros, siendo la máxima profundidad conocida de 454 metros, en el Brazo Blest.

Una vez embarcados, nos dan las indicaciones de que no nos podemos mover ni estar de pie mientras se sale del puerto y bla bla bla y explican el itinerario de la excursión.

Nadie entiende un carajo.

Para confundir más, comentan que existe la posibilidad de hacer otra excursión navegando por el Lago Frías por un costo adicional que obviamente no vamos a pagar. Luego uno de los guías le comenta por lo bajo a un pasajero que la única particularidad del Lago Frías es el color verde del agua y que como hoy está nublado el paisaje no se podrá apreciar bien. Conchudo, ¿por qué no lo decís por micrófono así se enteran todos?

También nos advierten que el clima por lo general es de lluvia y que podemos solicitar pilotines que obviamente te van a cobrar a precio de robo como todo en cualquier destino turístico.

Terminado el chacharerío, me levanto y me voy a la cubierta del barco ubicada en el techo.

Hace un frío de cagarse y un viento que si no tenés cuidado te vas al agua. No he tenido mejor idea que venir con boina, por lo que me paso todo el tiempo con una mano en la cabeza para que no se vuele. En fin, fashion victim.

El paisaje es muy pero muy lindo, además como está nublado hay unos colores muy raros junto con una niebla que cubre los picos de las montañas.

La atracción de este tramo del paseo son las gaviotas, que se acercan hasta el barco y toman de las manos de los pasajeros las galletitas que éstos ponen a su disposición. La verdad que es una linda atracción, muy simpática. Por momentos las tenés volando a dos metros de tu cabeza, suspendidas en el aire planeando, realmente muy pero muy lindo.

Llegamos al muelle y comenzamos la caminata, aproximadamente 1 Km. en subida a lo largo del cual hay 3 miradores para ver la Cascada y Lago Cántaro.

Hace un frío de la ostia y llovizna, clima del orto. El paseo es hermoso, las vistas desde los miradores increíbles.

El problema reside en caminar. Les explico por qué.

Se camina sobre tablones de madera, algunos podridos o directamente inexistentes. Los escalones no están todos a la misma distancia, así que olvídense de caminar por inercia calculando distancias inconscientemente. No queda otra que caminar mirando siempre el piso y prestando atención a dónde pisa el que va adelante para ver cuáles son los tablones flojos que hay que evitar. Pero eso no es todo amigos, como llueve, el reflejo de la luz en los tablones barnizados mojados, hace que uno a veces no vea los escalones.

Incluso para mí, que di mis primeros pasos de la mano de Pancho Dotto y tengo años de experiencia en las pasarelas, me cuesta caminar con actitud, sin mirar el piso y no irme a la mierda de vez en cuando.

Una vez finalizado el recorrido, volvemos al inicio y tomamos un sendero lateral, de unos 3 kilómetros, que nos conducirá al Puerto Blest propiamente dicho en donde hay un salón para comer y un restaurante.

En el sendero no encontramos las molestas tablas, pero igual hay que ir con cuidado porque está todo mojado y la puta madre que sigue lloviendo y me estoy recagando de frío.

En el camino hay un par de puentes, uno de los cuales es colgante con una vista muy linda. La verdad un paseo muy pintoresco. Más adelante accedemos a una playa del Lago Cántaro con una vista espectacular. Toda la gente sigue el camino por la playa, pero nosotros nos internamos nuevamente en la selva valdiviana y seguimos por otro sendero más ancho, total dijo la conchuda de la guía, todos los caminos conducen a Puerto Blest.

En este tramo del recorrido encontramos muchos carteles explicativos con curiosidades y explicaciones del lugar, no sea que los guías te tengan que acompañar y hablar más. Entre las curiosidades, vemos un árbol Coihue que tiene más de 500 años y es uno de los pocos ejemplares de árboles tan antiguos que tenemos.

Luego de caminar muuuucho, llegamos al Puerto y al restaurante ¡$55 un menú de mierda! y al fast food ¡$28 un sándwich de lomo y $9 una gaseosa, más que fast food, esto es un robbery food!

No queda otra que pagar o no comer, porque no trajimos vianda. Luego de comer nos quedamos en el fast descansando, aprovecho para leer un rato y Ema para dormir.

A la hora de partida nos aproximamos al Puerto para descubrir que nuestro barco no ha llegado todavía, que llueve más fuerte y acá no hay árboles que frenen el agua, que me estoy requetecagando de frío, y que así, bajo el agua y tiritando, hay que ir haciendo la cola para embarcarse en el barco que todavía no llegó. Ema se queda haciendo la cola y yo me alejo un poco para hacer más fotos.

Sí, soy un japonés feliz con mi cámara, me encanta hacer fotos.

Cuando me acerco más tarde a la fila, nos comentan que la persona que hasta el año pasado tenía la concesión de la explotación del Puerto, se llevó todo, hasta las cortinas, que cortó todos los cables de luz e hizo todo mierda a propósito. La empresa que tiene la concesión ahora se llama Turisur y para traer los barcos tuvieron que traerlos por tierra en partes y volverlos a armar en Puerto Blest (no me quedó muy claro, en fin).

Llega el barco, embarcamos y ¡adivinen qué!

Deja de llover y sale el sol.

No se puede creer.

En el viaje de regreso, el fotógrafo insiste nuevamente con el dvd que tiene 1000 fotos libres de derechos de autor y que podemos mandar por mail e imprimir, que incluye las fotos que nos sacaron hoy y que tiene un módico costo de $40.

¡Metételo en el orto!

Dormimos un rato mientras nuestros cuerpos recuperan lentamente el calor gracias al sol.

Lejos, ésta fue la mejor excursión de las que hicimos hasta ahora, unos paisajes increíbles.

De vuelta en Bariloche lo dejo a Ema en la habitación y yo obviamente salgo desesperado a conectarme.

Luego cenamos, la misma entrada de ayer y pollo con arroz de plato principal, que tampoco es rico pero no es un asco como los fideos aguados de ayer. El postre consiste en dos rodajas de ananá en lata que tendrían más onda si te dieran cuchillo y tenedor y no una cucharita para cortarlo.

Subimos a la habitación, yo me quedo un rato ordenando, Ema sale a pasear, más tarde salgo yo, vuelvo a comprar chocolates, me tomo un helado (hijos de puta, el sabor mascarpone es un asco, nada que ver como lo hacen en Buenos Aires) voy al Centro Cívico a ver las artesanías, que no me parecen nada del otro mundo, amén que es todo un robo. Me cruzo con Ema, probamos los licores, colapso y me compro uno riquísimo de chocolate amargo con almendras y no sé qué más.

Volvemos, obviamente me vuelvo a conectar, me pongo al día con La Cachivache, vuelvo a la habitación, estoy borracho de cansancio, me pongo a escribir, termino a la 01:05, mañana madrugo para partir a Villa La Angostura donde estaré dos días.

Fin de Bariloche

Aclaración a mis queridos amigos que no conocen estos lares:

Las excursiones que hicimos, salvo la de Puerto Blest, no son las tradicionales. El tema es que ya vinimos otras veces y ya las habíamos hecho. Si algún día vienen, no dejen de hacer Circuito Chico, Circuito Grande, Siete Lagos, Cerro Campanario y Cerro Catedral. El Bolsón no vale la pena.

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