Día 8-Junín De Los Andes-Parque Nacional Lanín

Nos levantamos a las 7, yo totalmente desmayado, no oigo el despertador. Nos duchamos. El baño un asco, hay cabellos ajenos por todos lados.

Vamos a desayunar. Consiste en lecha aguada, café, jugos, diferentes panes, budines, queso crema, manteca, dulce de leche, dulce de rosa mosqueta, mermeladas. Si tuvieran yogurt sería perfecto ja.

Nos viene a buscar Juan, nuestro guía de hoy. Nos va contando curiosidades de la ciudad. Lucho con todas mis fuerzas por no desmayarme, estoy al límite de mis fuerzas y mis lectores me necesitan.

Nos cuenta que la ciudad creció mucho en los últimos años, que viven de la construcción y del turismo. Que en los barrios fuera del centro se pueden comprar lotes por 20 mil dólares. Antiguamente se permitía construir hasta 14 metros de altura, hoy sólo hasta 8,5.

San Martín de Los Andes está a 640 metros sobre el nivel del mar, Junín de Los Andes (que se encuentra a 40 Km. de San Martín) a 720, y el Parque Nacional Lanín a 900 metros.
Sólo hay 3 escuelas privadas, que cobran $600 por mes y están llenas.

Nos dirigimos rumbo a Junín de Los Andes, a visitar una Iglesia Mapuche. Esto quiere decir que los cristianos tuvieron que adaptarse a las culturas de la zona antes que los agarren los evangelistas brasileños ¡juas!

La Iglesia es muy rara, hay símbolos mapuches, el Cristo no tiene cruz. Cuenta con una especie de altarcito y monumento a Laura Vicuña, una chica que el Vaticano declaró beata. En el altarcito, dentro de un símbolo mapuche calado en madera, se encuentra una vértebra de Laura.

Su historia fue así: Huyó con su madre de la guerra civil shilena, aparentemente la madre era viuda. Se pusieron a trabajar para un poderoso hombre que tenía muchos campos. El chabón se curtía a la madre y acosaba a Laurita.

Entonces Laurita que era muy devota, con sus tiernos 12 añitos, decidió renunciar a todo para que su madre dejara de vivir en pecado y volviera a la luz. Ridículo.

La cuestión es que la pendeja se murió de hambre. Posteriormente la madre dejó al fulano éste y volvió a vivir cristianamente correcta.

Un tiempo después, una monja del colegio al que iba Laurita, cayó gravemente enferma con las siete plagas de Egipto, era una enferma terminal. Todos le rezaban a Laurita y la monja de un día para el otro se curó. El Vaticano investigó y la declaró beata.

De todo esto me entero cuando termina la visita, que le pregunto a Juan haciéndome el boludo que no entendí. En realidad estaba tan desmayado que no entendí un carajo, dormía parado. Le digo que necesito toda la info para mi blog y mis lectores y se va al toque a recolectarme folletos explicativos. Un capo Juan.

Luego de la iglesia nos vamos a un paseo artesanal, en donde se saca la entrada para el Parque Nacional Lanín. El paseo es un chiste, además te lo venden como “la feria de artesanías mapuches, para que conozca su cultura”. Son 10 locales del orto de los cuales la mitad están vacíos, uno es de excursiones y el resto de artesanías. Las artesanías son lindas, diferentes a las que se ven en otro lado y baratas. Compramos un par de pelotudeces.

Ingresamos en el Parque, bordeamos el Río Chimehuin y más tarde llegamos al Lago Huechulafquen (a ver si lo pueden pronunciar la primera vez jajaja). Es increíblemente bello. Agua pura, cristalina, calma. Tiene unos 120 Km. de diámetro y unos 30 de ancho. No se sabe con exactitud la profundidad, porque el aparato que se usa para medir llega hasta los 500 metros, así que puede tener más. Aquí la única forma de comunicarse es por radio, no funcionan los celulares, no hay Internet.

Nos subimos nuevamente a la camioneta y comenzamos a bordear el lago, internándonos en un camino de bosques. Un paseo realmente espectacular.

A lo largo del camino nos encontramos con varios campings, todos administrados por mapuches. En total hay 7 familias, formando una comunidad de 200 indios mapuches. Ellos tienen un trato con el gobierno, de asentarse y trabajar las tierras a cambio de recibir posteriormente las escrituras de las mismas.

Toda la zona es volcánica, las playas del lago parecen de tierra por lo negro, pero todo es arena volcánica. El Volcán Lanín hace 3000 años aproximadamente que está en inactividad. Están a la buena de Dios, porque Juan comenta que como es Argentina, se comprará un sismógrafo cuando ya sea tarde, cuando el Volcán entre en erupción.

Estando en erupción, la lava puede recorrer distancias de 50 Km. Y fue así como se formó toda la zona.

Llegamos al puerto Canoa. Aquí la opción es quedarse unas dos horas disfrutando del lago o tomar un catamarán que navegará el Lago Huechulafquen para después navegar por el Lago Epulafquen, al que no se puede acceder por tierra.

Ema decide quedarse en tierra y yo tomar el catamarán.

Es impresionante la diferencia y contraste de ésta empresa de turismo con la del Puerto Blest. Nada que ver, acá te atienden re bien, te reciben con caramelos y chupetines, la tripulación súper amable, te sirven además chocolate, café y jugo.

La guía se llama Lucía, una capa total, sabe un montón, y cuando termina la excursión y volvemos, va a hablar a pasajero por pasajero para ver si le quedó alguna duda. Lo único que me resultó medio chocante (pero esto es algo muy mío), es que está muy exitada, parece pastora evangelista.

Una de las primeras cosas que vemos en el Huechulafquen es la Isla de los Chivos. Se llama así porque hace muchos años, el poblador Novoa tenía chivos, que se reproducen dos veces al año, pero si nacían en la estación equivocada, se morían de frío, entonces todos los años para esa época crítica los separaba, los machos en la isla y las hembras en la montaña (o al revés, no me acuerdo).

Otra de las cosas que vemos en el medio de los bosques, es una casa, que fue construida en 1937 y fue la primera casa para los guardaparques. Hace 20 años que no se usa.

El bosque está formado por Coihues, que tienen una altura promedio de 35 metros. Lucía nos enseña que los árboles jóvenes tienen la corteza lisa, mientras que los viejos la tienen toda arrugada.

En las orillas del lago vemos muchos troncos, suspendidos debajo del agua, en perfectas condiciones. Esto sucede, porque el Coihue, al ser de hoja perenne, no se deshoja en invierno, por lo que la nieve cuando no los traspasa, queda atrapada hasta que el peso de la misma es superior y directamente rompe los troncos de los árboles, que caen al agua, que al estar a muy bajas temperaturas y ante la carencia de oxígeno, no se pudren sino que se conservan por mucho tiempo.

Pasamos por el Arroyo Escorial, que baja directo de la montaña y es el que forma el lago.

Salimos del Huechulafquen por una angostura, en donde la profundidad es de 1,30 metros. Entramos en el Lago Epulafquen, que es más pequeño y tiene una profundidad promedio de 100 metros. La particularidad de este lago (y verlo es increíble) es que tiene toda una parte de sus costas formadas por material volcánico, producto de una erupción hace 500 años del Volcán Achen Ñiyeu. La lava recorrió 7 Km. para llegar al agua, y ganó 1 Km. de lago. Se trata de pura roca, de la que salen árboles bonsáis. Esto es porque las raíces de los árboles no pueden penetrar la roca, se atrofian. Podemos observar Coihues y Cipreses de 150 años y apenas 1,5 metros de altura. La capa de lava se extiende 90 metros por debajo de la superficie.

Siempre de fondo vemos el Volcán Lanín, su cara sur. Al volcán sólo se puede acceder con guía, hay muchos controles.

Cuando regresamos al puerto, nos dan un certificado de buenos navegantes. La verdad ha sido un paseo muy lindo, educativo y da gusto que a uno lo atiendan tan bien.

Nos dirigimos entonces a un restaurant mapuche a almorzar. El lugar resulta un rancho, que cuenta con un menú fijo de $38 que consiste en una empanada, un chorizo colorado, ensaladas libres (4 ensaladeras que jamás se reponen) y el plato principal es carne que puede ser vacío, bife de chorizo o costilote. Jamás supimos de la existencia de este corte, así que los dos lo pedimos. Resulta ser un bife un poco más grueso, cocido, no jugoso. Nada del otro mundo. El postre es flan casero (porción tamaño casete (se ve que no conocen los moldes y usaron unos viejos casetes) o queso con dulce, en porción también minúscula.

Medio chota la comida y cara, amén que la excursión te la venden con el tema de “las artesanías mapuches” y “la comida de los mapuches”. Ojo, el paseo es hermosísimo, me refiero a que te venden cualquier cosa.

Antes de regresar hacemos una parada por el Lago Paimún, que es chiquito pero muy lindo. Aquí es zona de campings y pretenden que pagues $3 por usar una mesa o $15 por hacer un fogón. Nos relajamos un rato y metemos los pies en el agua. El piso no es firme y hay que andar con cuidado para no irse a la mierda y perder celulares y cámaras ja.

La zona está llena de avispas chaqueta amarilla, que son muy molestas.

Nuevamente Ema hace migas con un perro, pero en esta oportunidad lo acaricia a través de una servilleta de papel para no ensuciarse. Re top.

Volvemos a San Martín, yo me desmayo y duermo todo el camino. Nos dirigimos al centro, ya que es temprano y queremos comprar más cosas. Voy a la sombrerería que tenía relojeada. Me pruebo unos sombreros muy originales, uno me encanta, pero es incombinable y la Cachivache previo ver la foto, no había dado su conformidad. Me compro otro más sobrio, muy lindo y solicito boinas de golf negras, me muestra una de corderoy y pretende cobrarla $38. No gracias, en Buenos Aires salen $25 le digo.

Ema se va a la playa y yo vuelvo a la feria artesanal. Hay otros puestos con otras cosas. Colapso y me compro de todo. ¿Dónde mierda estás Cachivache que no estás al lado mío filtrando y boicoteando mis compras? (disponibles mis aventuras en Mendoza, colapsando haciendo Shopping y la Cachivache asistiéndome).

Vuelvo al hotel, me conecto un rato y bien tarde salimos a cenar. Ésta vez elegimos un restaurant pub que tiene la re onda, muy bien ambientado, con show, pero como estoy hinchado las pelotas y de mal humor por el cansancio, no saco fotos. El lugar se llama Dublín.

Pedimos la comida, al rato la moza se disculpa que la cocina “está atorada”. Mientras esperamos, vemos cómo les sirven a las demás mesas, cuyos comensales llegaron después que nosotros. Comenzamos a impacientarnos. A los 45 minutos nos traen la comida. Yo pedí sorrentinos de jamón y queso con salsa rosa. Los mismos están duros.

No. Corte, corte. Así no. De perfil ahí, no. ¡Hace tres días que estoy haciendo copetes! ¡Esa técnica de mierda que me arruinó un año de trabajo, ta ta ta ta ta ta ta ta ta nunca apretaba el botón que tenía que apretar! ¡Juegan con la salud de uno, se creen que tengo 20 años (tengo 25), demasiado esfuerzo hago carajo, mierda!

¿No habíamos quedado que ya cansabas Mirtha? “El público se renueva”.

¡Por Dios! ¡Que alguien mate a esa mujer!

Nota del editor: En realidad Mirtha murió hace años, pero como tiene un contrato firmado a perpetuidad, se le permite estar entre los vivos para seguir con sus almuerzos. Por eso el estado en descomposición de su cara, es una especie de zombie.

Comienza el show. Pamela y Diego cantan un repertorio variado. Diego toca la guitarra y Pamela toca los botones de su Iphone para seleccionar las pistas sobre las que va a cantar.

Ya de entrada noto algo que no cuadra en Pamela, algo desproporcionado. Por no ser prejuicioso y quedar como jodido, me abstengo a hacer comentarios, hasta que Ema los hace por mí. “Esta mina tiene hechas las tetas”. Sí coincido, pero dudo que sean de silicona, para mí son ortopédicas, demasiado firmes.

Pamela tiene un gran caudal de voz y un timbre muy bonito. Lamentablemente mete falsetes bastante seguido donde no van y quedan como el orto. Su lenguaje gestual tampoco ayuda. Su mezcla de pasito de cumbia y brasilero todo el tiempo, parece invitarnos a que le agreguemos el apellido Chu y repitamos su nombre completo varias veces. Una lástima.

Momentos álgidos del show: cuando Pamela a mitad de una canción se queda sin batería en el micrófono y debe reemplazarlo por otro, o cuando Diego le pifia a la pista, no pone una de karaoke y comienza a cantar sobre la voz de Drexler. Sí fue linda la versión en falsete de Diego que hizo del tema “Kiss” de Prince.

Volvemos como a las 2 y media de la mañana. Nos acostamos rendidos.

Al día siguiente nos duchamos, desayunamos y dejamos la habitación. Ema se va al centro a comprar más pelotudeces y regalos y yo me quedo con los bolsos en la recepción del hotel, y aprovechando que restan tres horas para tomar el micro, subo las últimas fotos y escribo el diario.

Mientras estoy en el hotel, la oigo a Bárbara hablar con no sé quién y le cuenta que es de Vicente López y que hace 7 años se vino a San Martín. Evidentemente el sur está formado por porteños.

Al rato vuelve Emanuel, el remís que pedimos, partimos a la terminal.

Una vez arriba del micro, Emanuel me muestra muy feliz el duende que se compró: un pedazo de madera con un muñequito de masilla epoxi. ¿Su precio? $55.

Hay Ema, ¡hasta en los últimos momentos me das material!

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