Día 2-Cerro Champaquí

Mis aventuras de hoy se remontan a la madrugada, cuando me despierto para ir al baño, producto de tomarme una Ser de litro y medio y de unas pesadillas que ya no recuerdo.

Noto un resplandor y lo atribuyo a mi celular, que antes de sonar la alarma siempre prende una luz. Debe ser la hora de levantarse supongo. Abro más los ojos y veo que la luz sale de la notebook que dejé cargando y no del cel. Miro la hora, apenas hace un rato que me acosté. Me doy cuenta que hay alguien en la cama de al lado. ¿Emanuel está acá? Son los bolsos.

Éste amigos, es el estado en el que estoy después de 12 días de viaje. Hecho mierda.

Me vuelvo a levantar, me baño y voy a desayunar. No hay nadie en el patio aún. Veo a una de las empleadas y le pregunto si puedo desayunar. Me dice que sí y me pregunta qué deseo tomar. Leche con café le digo.

En seguida me alcanza un vaso con jugo de manzana y me dice que ya me prepara el desayuno.

Al rato se aparece con mi leche con café, y no una, ni dos, sino tres rebanadas de pan, dulce casero de moras, y no uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco, sino ¡seis! rulos de manteca.

¡Dos rulos de manteca para cada rebanada de pan!

Hiperventilo ante tanta generosidad.

Luego de comer este frugal chiste, termino de prepararme y voy a la recepción a esperar que me vengan a buscar para la excursión a Cerro Champaquí.

Mientras espero la chica que me hizo el desayuno barre, pasa el trapo por los muebles.

Conchuda, ¿por qué no vas a pasar el trapo y a barrer mi habitación? Que ayer caminé dos pasos descalzo y me quedaron los pies negros.

Me viene a buscar Julio que será mi guía de hoy, y al rato caigo en la cuenta que será quien me lleve también mañana a Merlo, en la provincia de San Luis. A su vez, me dice que trabaja con Miriam de Peperina Tur, quien es el amor turístico de mi vida, la adoro, es una genia, el año pasado cuando vine a Villa General Belgrano se ocupó de armar las excursiones de modo que pudiera hacer la máxima cantidad, incluso un día me contrató otra agencia para que pudiera hacer una excursión que ella ése día no hacía, y súper atenta hasta último momento, es más, estaba yo en el micro de regreso y ella mensajeándome a ver cómo la había pasado. Es lo más Miriam. En realidad la llamé antes de salir pero no me pude comunicar, si no hubiera arreglado todas las excursiones de ahora directo con ella.

Somos sólo cinco personas más.

Julio hace 6 años que trabaja como guía de turismo, para varias agencias que lo contratan en función de los grupos de gente que tengan para hacer excursiones. Paralelamente a esto, es apicultor, aunque comenta que cada año saca menos miel.

Maneja una Ford F150, y todas las reparaciones las realiza él, dice haberse cansado de los mecánicos, que siempre le terminan rompiendo algo. Por eso tiene siempre repuestos de cada parte para cualquier problema que tenga la camioneta, poder repararla enseguida. Además tiene una Land Rover. Su hija quiere que venda las dos camionetas y compre una más moderna, pero no hay ninguna que le convenza.

Me toca el asiento de adelante así que voy muy cómodo. Los demás estaban compartiendo un mate así que me prendo. Julio además ha llevado cuernitos y libritos de grasa para comer con el mate. La verdad un grupo súper agradable.

Iniciamos nuestro recorrido. Primero nos dirigimos hacia la localidad de Yacanto, pasando primero por Santa Mónica, que hace años está en litigio porque quiere considerarse comuna independiente de Santa Rosa de Calamuchita.

El camino está hecho mierda, pozos por todos lados. No es muy viejo, tiene 13 años, pero pasan muchos camiones transportando troncos, entonces lo hacen mierda. Dicen que pronto le agregarán otra carpeta de asfalto.

El nombre Calamuchita viene de Talamuchita, por los árboles tala, que actualmente no hay más porque los llevaron todos a Alta Gracia, porque su madera conserva muy bien el calor y los usaron en los hornos para producir ladrillos.

Nos encontramos a 900 metros sobre el nivel del mar.

Santa Rosa tiene una población de entre 13 y 14 mil habitantes, Villa General Belgrano una de entre 8 y 9 mil, mientras que Yacanto tiene una población aproximada de 1600 habitantes.

Por todo el camino se ven plantas de zarzamora, un arbusto que se ha transformado en una plaga. Es de un sabor más ácido que las moras. Para saber cuándo comerlo hay que prestar atención al color, si es negro brillante está ácida la fruta todavía. Si está opaca entonces es dulce.

Nos cuenta Julio que hace algunos años hubo un incendio muy grande, en el que tuvieron que intervenir 40 dotaciones de bomberos, y que cada poblador aportaba su granito de arena con alimentos, bebidas, lo que fuera, para los bomberos.

En Yacanto nos detenemos unos minutos en Aldea de los Cerros, una confitería muy linda.

Posteriormente hacemos nuestra última parada en Los 3 árboles, un kiosco en donde Julio también conoce a todos y es amigo. Éste kiosco, a 2300 metros de altura, es el último lugar que se encuentra antes de llegar a la cima del cerro. Sus dueños son Nacha y el Señor Olguín, que cuenta Julio es muy vago. Viven de los animales (tienen chivos, gallinas, vacas, etc.) y del kiosco, que al ser la única opción a esas alturas, trabaja bien. Comenta Julio, que todos piensan “pobrecitos”, por esta familia, pero él aclara que nada de pobres, que tienen más plata que los turistas. Mucha gente de lástima les regala camperas, ropas. Tienen un montón. Y los hijos del matrimonio tienen no uno sino seis pares de zapatillas cada uno. Así que nada de “pobrecitos”.

Ya antes de llegar a la cima, se empieza a sentir el cambio de temperatura y a vislumbrarse las nubes entre nosotros.

Es increíble, vapor frío por todos lados, volando rapidísimo alrededor de uno.

Las rocas que forman las paredes de la ruta, presentan unas manchas negras, en forma de ramificaciones. Se trata de una forma arbórea de óxido de manganesio.

Llegamos a Los Linderos, a 2809 metros sobre el nivel del mar. Dejamos la camioneta e iniciamos un trekking que Julio dice será de una hora (lo que no aclara es que es una hora de ida y otra de vuelta). Cada guía de turismo con su grupo que nos cruzamos, Julio lo conoce, y le pregunta si ése grupo de gente que lleva era el grupo gay del que le había hablado, y que nosotros llevamos una lesbiana, juas.

Amigos, déjenme graficarles bien la experiencia del trekking.

Estamos a casi 3 mil metros de altura, o sea, que te cansás de nada, te duele un poco la cabeza hasta que te aclimatás. El terreno es totalmente irregular, de piedra, tierra y grietas en las piedras ja. Nunca te movés por una superficie plana, siempre en subida o en bajada.

Es realmente complicado y agotador, hay que parar cada tanto para reponerse. En estos momentos agradezco haber dejado de fumar ja.

Hay que poner mucho cuidado donde uno pisa, ver dónde pisa el de adelante, no patinar en la tierra mojada y no meter la pata en las grietas, porque te vas a la mierda.

En algunas partes se me hace más difícil, dado que no tuve mejor idea que ir con el morral a cuestas (verme siempre bien y combinado a cualquier precio), y el peso y balanceo molesta, aunque en las partes que es en bajada me sirvió de contrapeso para no irme a la mierda. Menos mal que no se me ocurrió traer a la nena, hubieran sido 3 kilos más de sufrimiento y contrapeso.

Cuesta bastante caminar con actitud, y levantar alto las patas para treparse a las rocas con unos jeans ajustados, es un literal dolor de huevos, más cuando en vez de bajar de a poquito, no se te ocurre mejor opción que saltar sobre la roca, cuyo rebote, combinado con el tiro corto del pantalón, te hace ver las estrellas.

Todo esto sin bastón de trekking que rechacé, con una sola mano libre, dado que la otra la tengo para sacar fotos, y de punta en blanco, perfectamente lookeado, no sea que aparezca un fotógrafo de Paparazzi y me tome una foto que no me favorezca.

Actitud amigos, siempre ante todo actitud.

En el punto más alto del Cerro Champaquí (que significa lugar de pasto), nos encontramos a 2884 metros de altura sobre el nivel del mar.

La verdad que el paisaje lo vale. Es hermosísimo. Todo verde y azul en infinitas tonalidades, mezclado con la niebla. Se aprecia todo el Valle de Calamuchita, los diferentes cerros, el Lago Los Molinos, diferentes paradores y refugios. Es una experiencia alucinante.

Una vez finalizada la caminata, nos sentamos a comer la vianda que cada uno se llevó, luego de lo cual emprendemos el regreso.

En Los 3 Árboles recogemos a Matías, uno de los hijos del matrimonio, que lo llevaremos hasta su trabajo en Santa Rosa.

Hacemos una pequeña parada en el Río Durazno, el cual observamos desde lo alto del camino (disponibles mis aventuras en Villa General Belgrano y la crónica de la excursión al Río Durazno).

Volvemos a parar en Aldea de los Cerros, donde tomamos café y descansamos un rato.

Ya de vuelta en Santa Rosa, me dicen que no hace falta que me cambie de habitación, que puedo quedarme en la que tengo, genial. Compruebo feliz que la nena sigue en su lugar (no confío en ésta pocilga), bajo las fotos, que quedaron increíbles, vuelvo a salir.

Primero me dirijo a ATI (no la que ustedes piensan), a que me devuelvan el dinero. Le cuento a Belén que por suerte pude hacer el Champaquí, que lo conocí a Julio que es un capo. Me pregunta cómo lo ubiqué y le digo que Marianela del Hostal, que es divina, me pasó el teléfono. Sí me dice, Marianela es divina, yo voy a que me depile.

Es evidente que las unidades de negocio en Santa Rosa de Calamuchita no son independientes, quedando todo en un menjunje asqueroso, que si Drucker lo viera se volvería a morir.

Me quedo charlando un ratito y avivándolos un poco de lo que tendrían que hacer para promocionarse.

Y sí, el marketinero que hay en mí me puede.

Posteriormente voy a hablar por teléfono con Miriam, de Peperina Tur, a ver si tienen alguna excursión para el lunes, pero lamentablemente no. Puta madre, me voy a cagar de embole el lunes.

Me voy a la feria artesanal nuevamente y compro más pelotudeces. Paso por el supermercado y me compro la cena y vianda de mañana, nuevamente empanadas, que son exquisitas.

Voy a la Shell y me conecto un rato. Estoy empezando a odiar esa wifi, es muy lenta y se torna molesto subir fotos, no terminás más, y de hecho no termino, decido cortar porque si no me quedo hasta la madrugada y necesito descansar.

Vuelvo, la ciudad parece ha despertado, por fin se ve gente, kilombo de gente, luces, ruido. Puta madre, si no estuviera tan cansado me quedaría shirando un rato ¡todo por ustedes!

Ya en el Hostal ceno, me pongo a escribir. Son las 2 y cuarto, mañana madrugo más que nunca, estoy hecho mierda.

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