Dedicado a Leonel Zolá

Para sobrevivir tantos años trabajando en atención al público cada uno tiene sus trucos.

Mientras atienden a los clientes, algunos empleados tararean en su interior una canción sin fin, o piensan en lo que van a hacer luego de salir de trabajar. Otros imaginan a los clientes desnudos, y hay quienes juegan a adivinar el número de cirugías plásticas que tienen los rostros deformados de edad incalculable.

La Cachivache tiene sus realidades paralelas. Es como un desdoblamiento: una parte de ella sigue facturando poniendo sonrisa y asintiendo a cada pelotudez que dice la gente, mientras que otra parte de ella se recluye en la realidad paralela.

El conocerla tanto me da la posibilidad de ver dentro de su cabeza. Ustedes jamás la imaginarían capaz de cometer semejantes torturas.

Por lo general la veo de niña, correteando por la playa y jugando con los cadáveres de las clientas frecuentes que no soporta: les clava alfileres de gancho, las adorna con la cinta de los moños, les pone precio y señaladores por todos lados, salta y baila a su alrededor.

Otras veces la veo agarrando la trincheta y apuñalándolas compulsivamente, o sacándoles uno por uno los hilos de oro que sostienen sus caras, incluso pinchándoles los pechos operados hasta que pierden toda su silicona.

En ocasiones la veo improvisar un lanzallamas con su desodorante y encendedor y prender fuego a todo el mundo.

La he visto también golpear repetidamente a los clientes con el controlador fiscal mientras les grita ¡autorregalo no es gracioso! ¡autorregalo no es gracioso!

Además, La Cachivache y yo tenemos un código: luego de atender a cada uno de estos idiotas pesados, nos prometemos asesinarnos el uno al otro si algún día nos convertimos en alguien tan insoportable como el cliente que acabamos de padecer.

-Directamente me das un garrotazo en la nuca, sin piedad, golpe seco que ni me entere – me dice con frecuencia cuando estos imbéciles abandonan el local.

-Te lo prometo – le respondo.

Pero cuando veo que el cliente se pasa de denso y oigo que La Cachivache sube media octava el tono de voz es cuando me doy cuenta que ya no sólo se encuentra en la “realidad paralela”, sino que está por confundirla con la verdadera y el cliente puede sufrir daños físicos.

Es entonces cuando entro en la caja, apoyo una mano en su espalda y mientras la acaricio empiezo a cantar “From this moment / as long as i live / i will love you / i PROMISE you this… (tema de Shania Twain).

La gente no entiende nada.

La Cachivache me mira agradecida y se sumerge nuevamente en la realidad paralela.

Cliente a salvo.

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