Día 3. Merlo.

Me levanto muy temprano, a las 06:50. Desayuno una Cindor con una pastafrola y Coca que compré porque en la pocilga hasta las 8 y media no hay nadie, amén que lo que te dan acá es una cagada. Me ducho y salgo a esperar que venga Julio a buscarme.

La calle está desierta. Sólo algunos negocios están abriendo, limpiando, lavando sus veredas. Una depresión total.

Julio me pasa a buscar, esta vez me toca asiento de atrás. Toy rodeado de viejos. Antes de partir Julio va a comprar cuernitos para tomar con el mate más tarde. Un capo.

Empieza nuestra travesía pasando por el pueblo de Amboy, lugar en que nació Vélez Sárfield. Luego paseamos por la localidad de Amancay, otro pueblo muerto.

Hacemos una breve parada en Arroyo Corto, que si no entendí mal debido a mi dormidez, es una represa eléctrica que no se usa.

Arranca luego nuestra travesía propiamente dicha. No nos dirigimos por el camino tradicional, sino que tomamos un camino de tierra, hecho mierda, súper irregular, lleno de curvas, que te la pasas saltando en el asiento. Llegamos a Lutti y nos detenemos un rato en el camino para tomar mate y comer los cuernitos.

Luego continuamos el camino. La verdad es bastante incómodo ir saltando en la camioneta, no podés dormir porque te despertás al darte la cabeza contra el techo cada dos minutos.

Podría compararse a una sesión de kinesiología, porque te golpeás y masajeás por todos lados.

Es más, el marketinero que hay en mí comercializaría con esto y lo vendería como “ortoterapia”, una nueva disciplina médica para la relajación del cuerpo basada en “patadas en el orto” infligidas por un vehículo en un camino irregular.

Dos horas después de haber empezado el camino órtico, salimos a la ruta y a un mirador desde el cual se ve toda la ciudad de Merlo. La vista es increíble, hermosa. Vemos además un camino que contornea la montaña sobre la que estamos y que tendremos que descender para llegar a la ciudad.

A mitad de bajada nos encontramos con una feria artesanal, no muy completa, pero sí con buenos precios y algunas cosas interesantes. Nos quedamos un ratito y obvio que colapso comprando más pelotudeces.

Una vez en la ciudad, nos dirigimos a un área de recreación y comedor público, donde tenés asadores para realizar asado. Recorremos luego el barrio Carpintería, uno de los más caros, con chalets enormes y muy lindos, y posteriormente la calle Sol o algo así, que es la principal del centro. Aquí ya te das cuenta de que es una ciudad, calles anchas, comercios, construcciones, etc. Recorremos todo el centro con la camioneta también.

Personalmente me hubiera gustado tener tiempo libre para caminar, recorrer, tomar impresiones. Julio ofrece parar en una feria artesanal y en la capilla, pero como nadie lo solicita, yo no quiero ser el único y me callo. Medio choto esto, al final estuvimos 10 minutos en la ciudad.

Mientras ascendemos el increíble camino que recorre la montaña para salir nuevamente al camino choto y a la ortoterapia, divisamos en el cielo un grupo que hace parapente. Dios, nunca lo había visto tan cerca, es alucinante, imagino me cagaría en las patas, pero debe ser una sensación inigualable. Me llama la atención todo el tiempo que permanecen arriba, como navegando, yo pensé que era como un paracaídas que aterrizabas enseguida, pero no. Algún día haré parapente, previo dejar hecho el testamento, ja, no sea que me muera de un infarto del cagazo o que me estrelle contra el suelo.

Emprendemos la vuelta y nos dirigimos al Mirador de los Cóndores, una confitería a mitad del camino, la verdad bastante descuidada, un lugar así en el medio de la nada podría ser una mina de oro. La gente que la atiende de cuarta también, unos muertos de hambre, realizan excursiones y tirolesa, y mientras el mozo te toma el pedido, los de las excursiones se meten en el medio al mejor estilo Carmencita (algún día publicaré las memorias de una loca de mierda analfabeta en su lucha por vender más libros que los demás) para tratar de venderte sus servicios.

Finalizado el recreo partimos nuevamente. Esta vez nos detenemos en Lutti, en los jardines de un viejito conocido de Julio. A los pies del jardín hay un río que Julio cree que se llama Manzano. La verdad es muy bonito. El viejito no está pero su nieta sí y nos calienta el agua para el mate. Nos quedamos un rato tomando mate y disfrutando del paisaje. Además parece que se avecina tormenta y el cielo y todo es más pintoresco.

La verdad estoy reventado, todo el día viajando en ese camino del orto jaja. Seguimos viaje pero nos detenemos nuevamente, esta vez en Río Tercero. Es hermoso, el atardecer poco a poco gana escena.

Finalmente volvemos. Arreglo en la pocilga quedarme medio día más, ya que el micro sale a la noche.

Para comer ésta vez prefiero ir a un resto, las empanadas son exquisitas pero hace dos días que no como otra cosa jaja.

Voy a un restaurante muy lindo, especializado en pastas (Fatto in casa se llama) y me pido unos ravioles verdes de ricota con salsa parisiene. Mientras espero que me los traigan, un viejo de mierda hace escándalo porque le quieren cobrar recargo por pagar con tarjeta de crédito y discute con el dueño. Dios, esto es parte de lo que me espera al volver, la puta que lo parió.

Los ravioles riquísimos, pero podría haber sido abundante la porción, medio te quedás con hambre si sos un cerdo de buen comer como yo jaja.

Luego de cenar, como enfermo que soy, voy a la Shell a conectarme un rato. Charlo con La Cachivache y le digo que no vuelvo, que renuncié, le inicié juicio a la empresa, y que conseguí trabajo en Boston, que me voy en cuanto me salga el pasaporte. Muriéndome de risa sostengo la mentira un rato mientras ella sufre tratando de hacerse a la idea de una vida sin mí. Bien Cachivache, hay un mundo más allá de mí y tenés que conocerlo.

Ya en la pocilga, leo un rato y me voy a dormir, toy hecho percha pero mañana no pienso madrugar.

cala14

Click para agrandar

cala15

Click para agrandar

cala16

Click para agrandar

cala18

Click para agrandar

cala19

Click para agrandar

cala20

Click para agrandar

¿Te gustó? ¡Compartilo!