Día 4-El regreso.

Me levanto 11:30, después de dormir más de lo habitual y con todas las pilas ja. Desayuno unas galletitas que me quedaron, me ducho, armo el bolso y salgo a almorzar.

Está todo desierto, no hay nadie. Esta ciudad ya me está rompiendo las pelotas. ¡Quiero ruido y movimiento!

Voy mirando las opciones para comer, tengo ganas de suprema napolitana. Voy a un restaurante que vi que servían, pero aunque ustedes no lo crean, está cerrado. ¿Qué restaurante cierra al mediodía? Después se quejan que la temporada anda mal. Uno quiere consumir y no lo dejan.

Voy a otro restaurante, en este caso el elegido es “Sagitario”. La carta consiste en hojas fotocopiadas enganchadas en una madera. Re chic.

No tienen napolitanas en el menú, le pregunto a la moza y me dice que las milanesas las hacen fritas y que no las hacen napolitanas. La puta que lo parió, ¿en qué pocilga me metí a comer? O mejor dicho, ¿qué clase de retardado mental pone en la carta milanesas y no las ofrece napolitanas?

Me da cosa levantarme e irme, así que me quedo.

Parece que tampoco tienen gaseosas light. No se puede creer.

Me decido por una entrada de lengua a la vinagreta y por costilla de cerdo (pensando que me van a traer costillitas a la plancha, igual les doy el beneficio de la duda).

La lengua bien, tampoco es una ciencia hacerla. El tema es cuando me traen el cerdo.

Es un pedazo de costillar. Es decir, todo hueso al que hay que rasquetearle la carne. Pero no termina aquí esto amigos, sino que lo sirven con berenjenas (que son ricas pero no tienen nada que ver), y condimentado con dos litros de aceite.

A ver si entendí. A una comida de por sí grasosa, a la que sólo le tenés que poner una que otra especia, la bañan en aceite.

Suicidio gastronómico.

Un asco. Pura grasa, casi nada de carne, todo nadando en aceite.

Mientras lucho con los cubiertos, el dueño pasa y me dice que se puede comer con la mano. Dado que soy una estrella, me contengo de decirle que también se puede tener una carta y una comida preparada como la gente.

Nótese el detalle, que en las mesas hay folletos del restaurante, que dicen algo así como que si no conocés Sagitario, no conocés Calamuchita.

Encima creídos. ¡Y qué mala publicidad para la ciudad!

Luego de luchar un rato y de terminar comiendo con las manos, con el estómago medio revuelto, y cagado de hambre porque no tenía un carajo de carne el plato, me voy a la mierda.

Tengo ganas de un rico y gordo postre. Vi anteriormente que hay una confitería concheta que tiene wifi. Genial me dije, después me vengo para acá, a lo mejor la wifi funciona más rápido que la de la Shell.

Amigos, la confitería Sheik está cerrada. Realmente no entiendo a la gente de esta ciudad, ¿acaso nadie quiere trabajar? O sea, si sos un local de ropa u otra cosa, es comprensible que cierres al mediodía, por más incómodo que sea para los consumidores, pero ¿un local gastronómico que cierra al mediodía?

Un delirio.

Re caliente, cagado de hambre, de embole y de calor, me voy AGAIN a tomar un helado a Grido, luego del cual me voy a la Shell a conectarme y hacer tiempo. Tenía la opción de hacer una caminata de una hora y media hasta llegar a una cascada, pero con el calor que hace ni loco.

En la Shell me tomo un cafecito, una gaseosa y me pongo a subir fotos, chatear y boludear.

Al rato se lanza un temporal. Puta que lo parió. Y menos mal que no me fui a la cascada.

Cuando afloja un poco la lluvia me vuelvo a la pocilga.

Resulta que me han cambiado las toallas y tendido la cama.

Ahora, que me estoy por ir, me cambian las toallas, que hace tres días que me seco con las mismas. Y la cama ayer no la tendieron. Son de cuarta, para cagarlos a trompadas.

Me pongo a ver una peli y luego parto hacia la terminal.

En el viaje pasamos por Villa del Dique y Embalse a levantar más gente. El paisaje es mucho más lindo y está el Río Tercero que es precioso. La próxima vez que venga a Córdoba elegiré uno de estos lugares. Además Embalse es mucho más grande, más ciudad, y hasta tiene casino.

La cena es un asco. Parece que hoy no tengo suerte con la comida. De entrada me dan medio sándwich de miga y unas galletitas con queso crema. El plato principal consiste en una hamburguesa híper cosida repugnante con puré. Vomitivo.

Definitivamente no volveré a viajar con TUS.

Haciendo un balance general, si bien no la pasé genial, pude conocer el Cerro Champaquí que es espectacular y me había quedado con las ganas el año pasado. La verdad Santa Rosa no me llamó para nada la atención. Villa General Belgrano es mucho más linda, totalmente distinta, con otro movimiento, paisaje, etc.

Obviamente me faltó Rosario para darme material, pero creo igual que las circunstancias me dieron las anécdotas justas para hacer de éstas crónicas el deleite de todos. Al menos yo me divertí mucho escribiéndolas.

Será hasta otro viaje amigos.

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