Esta anécdota me la mandó mi queridísima amiga Silvina Fernández, muy compungida por lo que le había pasado, diciéndome que yo la entendería y que siguió mis pasos.

Si bien no suelo postear experiencias ajenas ya que el blog es netamente personal mío, esta me hizo morir tanto de la risa que me dije había que compartirla con mis lectores/as.

Sin más preámbulos, aquí se las dejo:

El sábado de gloria me dispuse a ir con mi hija de 2 años a la perfumería Pigemento de mi barrio, con el fin de comprar una base líquida para el rostro, un corrector de ojeras y otras menudencias para mi hogar.

Entro y me pongo a mirar los mostradores de maquillajes para saber si trabajaban con la marca que yo uso habitualmente. Entonces aparece una vendedora con pinta de celadora de reformatorio que me pregunta directamente, sin saludar “¿qué va a llevaaar?”. Como en una verdulería pensé. Mentalmente me digo pobre señora, un feriado largo, todo el mundo de joda y ella obligada a trabajar quizá por un sueldo pedorro, es entendible su malhumor.

Amablemente la saludo y le señalo una base líquida Maybelline y un corrector de ojeras del mismo color.

Se fija en el estante correspondiente, toma el producto con 2 deditos apenas, como si estuviera sosteniendo un sorete y me dice: “acá está pero si me permite decirle algo, esta base no es de buena calidad, usted paga el nombre nomás”.

- Ok – digo yo – uso esta marca desde hace 3 años y nunca …

- Le repito que es de mala calidad –me interrumpe levantando el tonito, ahí ya ahogo un resoplido- estos son productos que vienen de Brasil y pasan por Aduana sin control.

- Ahá – me sorprende que conozca de política aduanera la vieja – pero yo la uso siempre y estoy conforme, no me importa de dónde venga, la llevo igual.

- ¡AH no señora! Ah nooo, no me puede decir eso usted – eleva del todo la voz la vieja y toda la gente del local deja de hablar para mirarme fijamente- ¡Usted! ¡Con una criatura en brazos no puede decir eso! No puedo creer lo que escucho.

-¿Por qué? – pregunto en voz baja sintiendo los ojos de la platea de chusmas sobre mis hombros pero tratando de mantener una calma inexistente en mi ser- ¿qué tiene que ver mi nena con la base?

(Mi hija la miraba muda como si fuese Cruella Deville en persona).

- Es que usted debe pensar en el futuro, señora mía. Estos productos brasileros son cancerígenos. ¿Acaso va a dejar a una niña sin madre sólo por coquetería?

What the fuck?!?!? Vieja yegua y la reputa que te parió, que la boca se te haga a un lado, pienso y disimuladamente me toco la teta izquierda. Entonces recuerdo que es Pascua, que se supone que es una época para hacer expiación de nuestros pecados y que debería hacer alguna obra de bien con el prójimo para compensar mi ausencia de los claustros, en lugar de mandar a la vieja a la reconcha de su madre.

- Le sugiero esta base, de marca Arex (una marca totalmente ignota para mí), que es de fabricación nacional, aprobada por el Ministerio de Salud y además mucho más barata de la que usted iba a llevar – mientras habla abre un pomo de muestra y me aplica sobre la mano un poquito de una pasta grasosa con un olor a viejo horrible.

- Gracias señora- intento sacarme esa inmundicia sin éxito, desparramando más aun el olor a gato muerto y manchándome toda – pero voy a llevar la base que le pedí. No me importa si esta es más barata o más cara. ¡¡¡Por favor, déme una Maybelline Super Stay Pure Beige y el Corrector Instant age rewind del mismo color!!!

- Le repito que no es buena calidad – insiste la arpía – además no crea que este corrector le vaya a tapar las patas de gallo.

Pum. Golpe bajo de la vieja yegua. Si de algo puedo estar orgullosa es que a mis 36 años no tengo una sola arruga y mucho menos un asomo de patas de gallo. Sí celulitis, estrías y demás imperfecciones que no viene al caso detallar, ¡pero arrugas no! ¡Patas de gallo menos!

- Señora, le vuelvo a repetir que pienso llevar los productos Maybelline, no insista más por favor – a esta altura ya estaba toda colorada de rabia, transpirando, y encima todos los boludos del local haciéndose el show. Había por los menos 6 personas cerca nuestro parando la oreja indisimuladamente.

- Está bien, pero si quiere taparse las arrugas debería llevar otro corrector más fuerte, no éste.

- ¡Déme el corrector y la base mujer! ¿Acaso no entiende que no me interesa lo que usted me diga? ¡Si quiero pagar cien pesos por una base los pago y a la mierda, no soy pijotera y gracias a Dios los puedo pagar! – le espeté sin vueltas, ya hinchada las pelotas y cayendo que siendo sábado no podía irme a la mierda sin comprar estas cosas porque estaba casi todo cerrado. Sí o sí tenia que morir ahí – ¿Nunca le dijeron que el cliente tiene la razón? Si yo pago punto, a usted no le interesa lo que yo haga. Si me quiero pintar el culo con la base es asunto mío, ¿entendió?

La vieja se quedó mirándome como si yo fuese una loca recién egresada del Moyano.

Fui a la caja, pagué y me fui. Llegando a la puerta escucho a la vieja decirle a alguien como para que yo la oiga: ¡clientitas, se creen que porque tienen plata tienen la razón. Hum!

Ahí nomás me di vuelta y le rajé un ¡Andá a la reputa que te parió malcogida! ¡Usá vos esa base pedorra para taparte la cara de argolla que tenés!

Acto seguido, una sarta de aplausos y carcajadas.

No sé si está bien lo que hice, no me enorgullece pero por qué si una tiene buenas intenciones la gente se empeña en tirártelas a la mierda? ¡¡¡YO PAGUÉ!!! ¿Acaso no se entendió?

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